junio 2019 | mariasex

domingo, 16 de junio de 2019

sexo en la playa: las experiencias que resultan inolvidables


Se acerca el verano y no hay nada como pasar unos días de vacaciones en la playa. Y si estamos acompañados, mejor. Todos nos imaginamos en una zona paradisíaca en Bali, mientras el agua cristalina que cae de alguna cascada recorre nuestro cuerpo bronceado por el sol, descansando porque sin duda nos lo merecemos tras un año agotador. 

A veces las fantasías van más allá y también pensamos en una sensual noche, retozando en la arena.

En realidad, no es la mejor idea. No solo porque presente algunos riesgos para la salud (que también), como pueden ser todos los ocasionados con la arena, que actúa como material abrasivo y puede provocar irritación y rozaduras, o porque el agua del océano también puede picar y arder, sino porque... es terriblemente incómodo.

 Pero no vamos a fastidiar tus sueños, como la experiencia hace al maestro hemos recopilado las historias más disparatadas, divertidas y, por qué no, eróticas, de varias personas que han decidido contar sus anécdotas en 'El Confidencial'. Hay sexo, agua y mucha, pero que mucha arena de por medio.

Sol, arena y mar

P. de 25 años, nos lo cuenta así: "Mi experiencia en la playa fue desastrosa. Siempre había querido hacerlo ahí y mis expectativas estaban por las nubes. Era de noche, pusimos una toalla muy grande para estar cómodos, pero la arena nos invadía todo el tiempo. Teníamos que controlarnos para no mancharnos y que no se nos metiera por todos lados. Todo llegó a tal extremo que hasta el preservativo se rompió porque había mucha arena y tuvimos que parar. No volvería a repetir nunca. Ah, y además teníamos que estar pendientes todo el rato porque la máquina que alisa la playa no paraba de ir de un lado a otro y nos daba un poco de miedo morir aplastados y salir al día siguiente en las noticias".

Lo hice en Ibiza. La playa es muy incómoda pero hacerlo en la arena tiene una gran ventaja: que la gente puede verte

"El sexo en la playa es una mierda", señala, tajante, M. de 29 años. "En Ibiza, en la semana de las aperturas (esos tiempos en los que el Space todavía existía), conocí a una chica (que tenía novio en Dinamarca) y nos vimos unas cuantas veces. Los dos compartíamos piso con nuestros amigos, así que la mayor parte de nuestras escapadas sexuales fueron en coches. La peor de todas fue, sin duda, en la playa. Si no quieres restregar tu miembro contra un papel de lija, ni se te ocurra hacerlo en la arena. Da igual que seas cuidadoso y que pongas toallas. Ambos acabamos con arena en sitios innombrables. La experiencia mejora dentro del agua. Recuerdo que teníamos un flotador de esos grandes, como un rosco. Ella metió solo el culo (con las piernas y los brazos por arriba) lo que la dejaba a la altura perfecta para el temita. Eso sí, en la arena hay una gran ventaja: que la gente puede verte".

El sexo en la piscina da pie a escenas íntimas si no hay mucha concurrencia alrededor. Y si la hay, mejor

T. de 32 años, asegura que aunque el sexo en vacaciones de verano es estupendo porque tienes más tiempo para hacerlo y estás más descansado (por lo que rindes más), prefiere hacerlo en la piscina antes que en la playa: "El sexo en la piscina goza de una particularidad que lo hace bastante atractivo: es uno de los escasos contextos sociales donde la (casi) desnudez a plena luz del sol está permitida, lo que da pie a escenas íntimas si no hay mucha concurrencia alrededor. Y si la hay, mejor. En mi caso, no hubo penetración, pero sí otras cosas que pueden pasar más desapercibidas, con el aliciente de poder ser descubierto en cualquier momento y ese puntillo morboso de no poder gemir/hacer mucho ruido/etc, mientras el sol y el aire de la tarde arrullan tu piel. Eso sí, es importante recordar que hay que darse una ducha antes de meterse al agua, por favor, gracias".



Por último, R. de 22 años, también se confiesa: "Fuimos en tren a Santander. La idea era pasar allí el día y volver por la noche. Era mi primera relación, teníamos 16 años y estábamos muy pero que muy salidos. Llevábamos los bañadores, bocatas, toallas y chanclas para disfrutar de un chapuzón en la playa de El Sardinero. Era el verano de nuestra adolescencia y teníamos las hormonas por las nubes. Nada más llegar, nos tumbamos en la arena. La playa estaba abarrotada de familias, niños y chicos jóvenes que jugaban a las paletas en la orilla. A ella se le ocurrió hacer topless y yo ya me comencé a excitar. El sol pegaba con toda intensidad y serían las dos de la tarde. Entonces, comencé a sentir una incipiente erección. Para evitar que se notara, me tumbé boca abajo, y empezamos a darnos mimos y caricias suaves por la piel. Después de un rato, decidimos bañarnos. Yo sentía mucha vergüenza porque mi erección no menguaba, y sentía las miradas de todos los presentes acechándome, aunque seguramente estaban a lo suyo y todo era fruto de mi paranoia. Entonces, nos metimos en el agua".

Sentía mucha vergüenza porque mi erección no menguaba y notaba las miradas de todos los presentes acechándome

"Nadamos a lo profundo, lo suficiente como para poder sostenernos de puntillas en el fondo. Entonces, nos comenzamos a liar y a retozar el uno con el otro. Ella metió su mano en el bañador, me sacó el pene y comenzó a masajearlo, suave y fuerte. Yo hice lo mismo, y empecé a frotar su clítoris. El placer nos duró poco, ya que un grupo de chavales jóvenes comenzó a acercarse. Llegó un momento en el que sospechamos que el agua y la profundidad no podía esconder nuestros cuerpos, y tuvimos que dejarlo y salir".leer mas en fuente original AQUÍ

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Tener sexo con tu ex puede que sea buena idea, lo dice la ciencia


Si antes de acostarte con tu ex le hubieras preguntado a tus amigos si era buena o mala idea, probablemente te hubieran maniatado para evitar que lo hicieras. No, nadie te dirá que adelante, que seguro que sale bien. Sin embargo una serie de estudios parecen demostrar que tener sexo con tu ex no es un error tan fatal como pensábamos. Ahora bien, tampoco hay que tomarlo como carta blanca y tirarse, nunca mejor dicho, ciegamente a sus brazos.

El riesgo de generar expectativas acerca de la relación y sufrir porque éstas no se cumplan, volcar afectos y que no sean correspondidos o que la otra parte tenga sexo con un tercero (y no te lo esperaras), son algunos de los motivos popularmente aceptados por los que, en general, esto de tener sexo con un ex sea visto como una bomba que tarde o temprano te explotará en la cara.

Sin embargo en los últimos años han aparecido estudios que parecen indicar que ni es tan terrible ni es tan poco frecuente como pudiera parecer: sí, no es lo ideal, pero lo hacemos muchos... y sobrevivimos.

Que tire la primera piedra...

La idea de sexo con un ex ha logrado lo que pocos, poquísimos, temas han conseguido en la historia de la humanidad: producir un acuerdo generalizado. Ser incapaz de no bailar o ponerte de buen humor con las canciones de -la gran- Rafaela Carrá, amar la maravillosa versatilidad de las patatas, los jeans y el denim (en todas sus versiones, menos la que llevaron Britney y Justin en aquella ocasión), o lo que te salva la vida tener un little black dress en el armario son algunos de los elegidos en el olimpo del consenso global.

Sí, a la inmensa mayoría de los habitantes humanos del planeta tierra le parece un error de proporciones mastodónticas... Al menos a nivel teórico, porque la realidad es que es una práctica de lo más común.

Un estudio realizado en 2012 indicaba, concretamente, que uno de cada cuatro lo tienen, o incluso un porcentaje más alto si hablamos de jóvenes.

No es tan terrible

El estudio realizado en 2012 citado anteriormente concluía que, con independencia a que se hubiera aceptado o no la ruptura, el sexo con un ex no se relacionaba con un mayor sufrimiento emocional. Ciencia: 1 - Creencia popular: 0.

De este estudio se extrajeron otros datos sorprendentes y un poco contraintuitivos: en contra de lo que todos pensamos, tener sexo con el ex no solo no se relacionaba con mayor malestar, sino que en los casos en los que no se había aceptado la ruptura tener sexo con el ex correlacionaba con menor sufrimiento.

Recientemente, en abril de 2019, se ha publicado en Archives of sexual behavior, un estudio en el que se han obtenido estos mismos resultados, pero además los autores concluyen que el sexo per se no es una variable que nos lleve a un mayor sufrimiento.

Para este estudio realizaron un seguimiento de un amplio número de personas que estaban en una relación, y posteriormente recogieron datos de aquellos cuyas relaciones se habían roto.

Entre ostras conclusiones este estudio señala que:

Uno de cada cuatro participantes habían intentado/querido tener sexo con su ex.

Aquellos que querían tener sexo con su ex mostraban un mayor vínculo emocional hacia él.

Tener sexo con el ex no se relacionaba con un mayor sufrimiento ni durante ni los días siguientes en relación a la ruptura.

Y además encontraron algo que quizá te sorprenda: los participantes que querían y buscaban tener sexo con su ex no solo no estaban peor emocionalmente, sino que presentaban más emociones positivas que negativas en los días siguientes al encuentro sexual.

El sexo no era una variable que se relacionara con un mayor o menor enganche a la relación, es decir, la ruptura se superaba en tiempos similares se tuviera o no se tuviera sexo con el ex.

A pesar de la coincidencia en los resultados de los estudios y a que apunten en la misma dirección, hay cuestiones metodológicas que hacen que sea complicado generalizar lo que plantean.

Por un lado ambos estudios cuentan con muestras relativamente escasas, y por otro, son tantas las variables que están en juego a la hora de afrontar una ruptura y la recuperación ante la misma que es complicado aislar una sola como puede ser tener o no tener sexo con tu ex. leer mas en fuente original
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